Las llaves no están fabricadas en materiales tan resistentes como los bombillos o las cerraduras. Con el paso del tiempo y el uso continuado, el metal se desgasta. Las causas más habituales son:
- Desgaste del metal por el uso diario.
- Intentar forzar la llave al abrir.
- Defectos de fabricación en el duplicado de la llave.
- Cerraduras viejas o poco lubricadas que generan atascos.
Cuando esto ocurre, lo más recomendable es no intentar sacar la llave por tu cuenta. Usar objetos caseros puede empeorar la situación, dañar el bombillo y obligar a cambiar el bombín o incluso la cerradura completa — mucho más costoso que una extracción profesional.